Libertad


Hace aproximadamente un siglo que no bajo por un tobogán.
Era mi preferido. Entraba en el parque e iba directa al tobogán. Era de metal y estaba descolorido, pero supongo que algún día había sido rojo.
Me pegué más de un golpe bajando e incluso subiendo aquel tobogán, pero seguía encantándome.
Hoy siento que me hace falta un tobogán, para ser un poco más libre, para sentir el aire en mi cara a toda velocidad. Un tobogán a mi medida, para desempolvar mis miedos a cambiar.
Para arrancar las espinas que me duelen porque tú lo tienes todo súper claro, para no pensar nunca más que no te importa ni la mitad.
Y bajar a toda prisa, y subir de nuevo una y mil veces más, hasta quedar exhausta, hasta que no queden fuerzas ni para pensar.

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