
Hace menos calor y eso me agrada.
Sigo trabajando entre mamás primerizas y asustadas y veo a diario el milagro de la vida y de unos pulmones diminutos que pueden emitir sonidos de frecuencias tan elevadas como para dejarte sordo.
Discuto con gente que quiere pisarme mi sitio, sólo lucho por mi culo y mis responsabilidades.
El gobierno ha cumplido y me ha dado los primero 200€ de los 400 que me debe.
Y sigo sin tener tiempo para gastarlo.
El sonido del agua en la piscina me arrulla a la hora de dormir aunque conciliar el sueño me cuesta más que de costumbre.
Y aquí seguimos, mi vida a cuestas y yo, con dolor de riñones y calor entre las costuras de mi uniforme blanco que llevo puesto más horas que mis vestidos de verano.