Se fueron, el raso se quebró.
Tus pocas palabras murieron en un espacio muerto entre el este y el sur del norte.
Ya no hubo complicidad, no hubo llamadas.
Ya no tienes nombre propio y único, sólo en mi número de teléfono.
Alguien te secuestró la mirada, el cariño y la admiración.
No supe ver las señales.
Cuando las descubrí no me dejaste acceder.
Ya no hay ternura.
Eras callado, pero ahora simplemente casi ni estás.
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