Lo siento, pero lo necesito

Y asi...




Me dejo dominar por mis más puros instintos, se me enciende la bombilla y actúo, ya he actuado, ya no hay vuelta atrás.




Ahora sólo espero que con las luces de un nuevo día la gente que no prohibe pero aconseja entienda mis arrebatos... aunque admito, son difíciles de entender.




Me monto una mentira en un segundo, ya habrá muchas horas para perfeccionarla o buscarle salidas, pulirla puede ser mi entretenimiento en 7 ó 8 horas...





Y veo la paradoja de las mentiras, sirven para alejar y ahora para acercar.



Me siento mal, pero serán sólo unas horas más, sólo unas horas sin decir la verdad, que dicen que no es mentir, aunque no comparto la opinión.



No se si es huir de mis miedos y mi soledad o por el contrario es ,mirar el problema de frente, y sobretodo de cerca.



No se si voy a ser comprendida, no se cual es la mejor opción, sólo se que lo siento, que lo necesito, y que allá voy.



No me gusta ir a contra corriente, miento, me encanta, pero no en cuestión de corazón, pero he encontrado un modo, una solución.

De como una piscina me devolvió a mis abuelos...

Hace unos días me perdí en la M30, como tantas otras veces estos últimos dos meses, buf, ya más de dos meses.
No sabía exactamente donde estaba, sólo intuía que debía de ser cerca del barrio donde vivían mis abuelos, un barrio al que no voy desde que mi abuelo murió hace mas de siete años…
De repente vi un edificio bajo, lo reconocí en mis recuerdos, supe que era la piscina a la que iba de niña con mi madre cuando veníamos en verano a ver a mis abuelos. Me sentí en casa, tuve una sensación indescriptible… No he ido a esa piscina ni he pasado por delante quizás desde hace 15 años… no había pensado en esos días calurosos de verano madrileño desde hace infinidad de tiempo, cuando venir a Madrid era toda una aventura.
De repente mi coche tenía olor a infancia, olía a la casa de mis abuelos, a su detergente, a sus colonias…
Supe volver a mi casa, porque estaba en casa.
No recuerdo el nombre de la calle donde está ese minúsculo piso donde mi abuelo me contaba historias, donde mi abuela intentaba enseñarme a jugar a las cartas, pero sin embargo puedo recrear en mi mente cada una de las siesta que dormí tumbada al revés en la butaca del también minúsculo salón, con los pies hacia arriba, sobre el respaldo y la cabeza apoyada en una silla. Me gustaba dormir al revés en aquella butaca, eran las únicas siestas que dormía en el año, odiaba dormir la siesta menos en Madrid, me quedaba dormida sin darme cuenta mientras escuchaba hablar a mis abuelos y a la televisión de fondo, disfrutando de ellos entre olor a jamón serrano, toldos verdes y tormentas veraniegas.
Quizás mis abuelos estuvieron conmigo el otro día en mi coche, porque al llegar al garaje el olor seguía presente y mi estado de ánimo era el que aquella niña emocionada y sorprendida por las calles enormes de Madrid, que esperaba el verano para perderse en la gran ciudad y refugiarse en el minúsculo piso de mis abuelos.
Ayer pasé por delante del museo del Prado, he pasado miles de veces, pero ayer recordé de nuevo aquellos veranos.
Madrugar un día para ir con la fresca al Prado era una de las cosas inexcusables de aquellos veraneos atípicos de mi infancia.
Recuerdo la primera vez que mi madre me llevó a ver “Las Meninas”, y el miedo que sentí al entrar en la sala de las pinturas oscuras de Goya…
Madrid era un mundo de posibilidades y mi madre me las enseñaba todas.
Conocí muchas cosas de Madrid en aquellos veranos, cosas que recuerdo con claridad.
Mi madre era la guía turística y yo una niña ávida de conocer cosas extraordinarias.
Madrid era entonces un lugar maravilloso y pasar el verano asada de calor no era un problema porque estaban mis abuelos, su jamón, sus plátanos, estaba la piscina de su barrio, estaba el Prado, el Reina Sofía, el Palacio Real y los cines de la Gran Vía con carteleras más grandes de lo que nunca hubiera podido imaginar.





La foto es de uno de esos veranos, en los jardines del Reina Sofía. La otra foto es de mis abuelos, en sus bodas de oro, cuando yo tenía tan sólo un añito… al pasar el otro día por delante de aquella piscina me di cuenta de lo mucho que los he echado de menos. Madrid no volvió a ser lo mismo sin ellos…
























































































































































































A lo lejos...

... y en blanco y negro...



Asi veo últimamente la vida, y mi blog, en monocromo, en simple, pero sin embargo más bello, para mi, mejor...



Me gustan las fotos en blanco y negro.


Recuerdos de una vida que nunca viví, nostalgia falsa de que cualquier tiempo pasado fue mejor.







Será la lejanía, el mar de campos infinitos que me separa sin ventanas de mi vida anterior.





Un echar de menos calmado, acorde con mis decisiones, con la experiencia que me dan las idas y venidas de otros viajes, de mis muchas vidas, de todas las personas que he dejado sin dejar...





He marchado muchas veces, he vueltos las mismas o más.





No me da miedo el tiempo, la distancia ni el olvido del corazón.





No les temo porque conozco lo que tengo, los alcances de la amistad y del amor.




Porque me gusta echar de menos, es un bonito modo de sentir que eres querida, que quieres sin control.




Porque no hay olvido cuando hay amor.









Escribo

Escribo desde hace tiempo, no se cuánto ya...
Escribo porque me sale, porque lo siento, porque es mi modo de escapar, de ver, de traspasar...
Escribo cuándo algo me llena, me pone triste o alegre a la par.
A veces me imagino que soy otra y escribo en primera persona igual.
No siempre es real lo que escribo, no siempre es tampoco actual.



Lo digo porque la gente se asusta, porque piensan que es mi estado de ánimo el que vengo a reflejar.




Me gusta inventarme historias.
Me gusta ponerme en el lugar de los demás.
Escribo cuando alguien me cuenta una historia y quiero encontrarle un principio o un final.
No siempre que escribo algo triste, estoy triste por igual.
Escribir cosas, aunque tan sólo yo le encuentre un sentido es en la mayoría de los casos mi modo de actuar.

A veces publico cosas de hace un millar de tiempo ya...
Cosas que no necesariamente tuvieron que pasar...
No es mi vida tan sólo lo que escribo, hay miles de cosas más, ficticias, ajenas...
Así que no busquéis un sentido cuando la mayor parte de las veces no lo hay.
Mis textos son eso, textos, bonitos o feos, pero nada más.
Soy celosa de mis sentimientos, cada vez más de mi intimidad.
No suelo contar lo que me vuelve loca por dentro.
En la mayoría de los casos, en mi blog, sólo habrá parte de verdad...




Calculando





No me gusta no sentirte.
No quiero una conversación normal.
















Pasan los días entrelazados de dos en dos, en hileras de cerezas frescas.
Quiero que tus manos recojan cerezas, tersas, rojas, brillantes, que disfrutes de su olor, de su sabor.







































Te vas mientras estás quieto.
Lejos, aunque lejos ya estás.
Se me escapan los dedos, te escurres a ras de mar.
El mar quedo, tan lejano de aquí, un poco menos de allá.
No estás en los luceros. Ni en los recreos, ni en el pan.
Te escapas calladito, poco a poco, sin despistar.
Te veo, te siento, cada vez, un paso más.
Y lo se, y lo acepto, no hay caminos que nos unan ya.






















































































































Decidir que hacer, hacia donde tirar.
Las cuerdas ya ni se tensan, sólo esperan para trabajar.




















































No preguntas, no cuestionas, estás simplemente por estar.
Cobarde, dime la verdad.

SadAutor y más...




Las canciones son balsas de rescate.
Vuestras canciones son abrazos de amistad.
Por eso no importa venir desde tan lejos, porque sé que voy a disfrutar.
Escucharos cantar, es un privilegio.
Veros las sonrisas, mientras tanto, un placer.







Gracias por hacerme reír y por hacerme llorar de vez en cuando…
Gracias por seguir adelante, por luchar.
Gracias por los menús seniors después de cada concierto.
Gracias por los
“Combatiendo”, los “Veo, Veo” (y “Miro, Miro”), por “Los besos” y por los “Tratados de Rumba”.

Por los afiladores, los Mustafás, los Arlequines, Iñás… y el mirlo.
Gracias al clan Iñás al completo por hacerme pasar tan buenos ratos estos últimos meses, por deleitarme con buenas canciones y muy buenas coñas…






Mención especial a Raquel, que se queda conmigo entre el público, haciéndoos fotos, eres un cielo!




Y también las gracias a Paris por organizar el SadAutor, fue la excusa perfecta para escaparme a veros.
Y a Dani M por ser el mejor copiloto en las largas distancias…
De corazón, gracias chicos, no olvidaré los buenos momentos, de verdad
.







Felicidades Raquel!!



Hoy es el cumple de mi amiga Raquel, y por casualidades de la vida, estaba en Xinzo para felicitarla personalmente...

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