
Le pidió permiso a sus padres, le dejaron.
Lo había planeado todo con unos cuantos amigos.
Tenían una perfecta cadena de producción.
Él se ocuparía de la parte comercial, en el fondo ya tenía carisma con sus 15 añitos...
Sería una buena manera de "ganarse el sueldo"...
El único inconveniente, levantarse temprano los domingos.
Pero era un inconveniente mínimo para la perfecta marcha de su incipiente negocio.
Así que esperó a recibir el material el viernes por la tarde.
Buscó una bolsa adecuada para transportarlo y diseñó un cartel donde podía verse en grande:
1x 200 ptas
2x 150 ptas
No calló en el error logístico, la idea estaba en su cabeza, pero la expresión le había jugado una mala pasada. Con los años mejoraría crecientemente su marketing.
Llegó el primer día, se levantó temprano y caminó hasta el rastro con su bolsa, decidido a comerse el mundo.
Se instaló en la zona del aun no denominado "pirateo", sacó sus cintas de juegos piratas para la popular consola Spectrum y esperó.
Al final de la mañana tenía los bolsillos llenos y la bolsa vacía. Caminó feliz de vuelta a casa, el negocio había sido correcto.
Así que comentó los buenos resultados con sus socios, habría que aumentar la producción, el domingo siguiente podrían ganar mucho más.
Sintió la satisfacción de haber hecho algo bueno, la alegría de tener su propio dinero.
Reinvirtió parte de las ganancias para comprar cintas vírgenes, el negocio era lo primero, las riquezas vendrían más adelante.
Fueron muchos domingos de madrugona, muchas horas en el rastro, pero era su proyecto, su negocio, su idea, no era nada extraordinario, pero le bastaba la felicidad de tener dinero para sus casi recién estrenadas salidas nocturnas sin necesidad de pedir nada a nadie.
Existieron también algunas carreras a la desesperada al grito de: "Agua! los monos!", que indicaba que la policía llegaba para interrumpir la actividad fraudulenta a la que se dedicaba.
Alguna vez lo cogieron con las manos en la masa, pero eran otros tiempos. Era un chiquillo con una mochila llena de cintas para el Spectrun. Es decir, nada...
No tenía la técnica depurada de los mantas de ahora que con cuatro cuerdas recogen todo en décimas de segundo, ni la técnica, ni la escala.
Fue el primer pirata de Madrid, pero un pirata de los mares, ir cada domingo al rastro fué el principio y el fin de muchas cosas. Un día el Spectrum dejó de ser rentable, con el fin de los 80 llegó una época en la que ni su edad ni los juegos podían aportarle apenas nada.
Acostarse temprano los sábados para el buen funcionamiento de su negocio dejó de ser rentable, eran otros tiempos, tenía otras diversiones.
El rastro, el Spectum y los libros terminaron. Entre los piratas de los mares empezó una nueva vida, las responsabilidades, no fue todo bueno, ni todo malo, simplemente fue LA VIDA.