Rojo desde el corazón



Érase una vez un niño con bufanda roja, que no sabía por aquel entonces que iba a ser cantautor.



Escuchaba discos de Aute cuando iba a la tienda donde trabajaba su madre, pero todavía no sabía que Aute, entre otros iba a ser parte de su canción.



No conocí a ese niño, de niño, aunque estoy segura de que su mirada es la misma.



César es un niño grande con un gran corazón. Miro esta foto y veo al César de hoy, con el pelo más corto, sin barba, pero igual de flacucho, y con la misma ilusión.

Y UNO APRENDE

Y uno aprende...después de un tiempo,uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma.Y uno aprende que el amor no significa recostarse y una compañía no significa seguridad.Y uno empieza a aprender….que los besos no son contratos y los regalos no son promesas y que uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos.Y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy,porque el terreno del mañana es demasiado inseguro para planes…..y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.Y después de un tiempo uno aprende que si es demasiado,hasta el calorcito del sol quema. Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma,en lugar de esperar que alguien le traiga flores.Y uno aprende….que realmente puede aguantar,que uno realmente es fuerte,y que con cada adiós uno aprende.
Jorge Luis Borges


Hoy, antes de irme a la cama, un amigo me ha regalado este poema... no lo había leido nunca... es magnífico... Gracias Felipe.

Mi mejor noticia, internet


He tenido un día de mierda en toda regla, lo mejor que me ha pasado ha sido que puedo conectarme a internet desde casa sin tener que esperar a que mi vecino decida hacerlo para gorronearle la red. Eso después de cabrearme sobremanera con una teleoperadora de Orange, que tras mi amenaza da darme de baja decidió ofrecerme tarifa plana gratis hasta que solucionen mi (más bien el problema es suyo) problema y pueda usar el ADSL que contraté. En el fondo si no hubiera tenido anteriormente un día asqueroso, no me hubiera enfadado tanto y no lo hubiera conseguido, hay que mirarlo todo por el lado bueno.

Es uno de esos días en que te gustaría de verdad tener una casita con huerto, unos animales, miles de libros y poco más y pasar del sistema capitalista en el que vivimos.

Supongo que estoy pasando la crisis de hacerme mayor.

Pero paso de resignarme y pensar que el trabajo dignifica ni cosas de esas, trabajar es una mierda en toda regla, aunque te guste lo que haces,sobretodo si te tocan las narices por no decir otra cosa para que te guste menos levantarte a diario para trabajar.

Bueno, una buena noticia que acabo de recibir es que el gobierno va a darnos una ayuda a los menores de 30 años que cobremos menos de 22000€ anuales a partir de enero para pagar el alquiler durante cuatro años. No está mal.

De todas maneras, como dice mi madre, y todos sabemos que las madres son sabias: AL MAL TIEMPO BUENA CARA!!

El judio del metro


Era como los judios de las películas del Holocausto nazi.
Con su nariz característica, su piel color aceituna... su pelo azabache...
Me fijé en él por su sonrisa, contrastando con su piel oscura,se dejaban ver unos blanquísimos dientes... y una sonrisa preciosa...
Iba pensando en sus cosas, iba feliz, se le notaba.
Apostado a uno de los lados de la puerta central del vagón que nos llevaba diección Goya. Me llevaba a mi dirección Goya, después de haber ingresado en el banco mi primer sueldo.
Una anciana bajita se le acerca y le habla, le pide, curioseo porque me fascina el cariño con que mira a la anciana, creo que le pide si podría habirle la puerta en la siguiente estación, ella no le llega al botón. La mira como si la conociera. Hay algo extraordinario en su cara, en sus gestos, se ve que es feliz, pero no sólo eso, está radiante.
La señora le da las gracias y baja. Él se queda mirando a través de las cosas como si se hubiera enamorado de la anciana.
Suena el silbato que anuncia que las puertas se cierran. Y el ruido lo despierta de su encantamiento. Mira bruscamente hacia el andén y pega un salto en el preciso instante en que el espacio entre las láminas de metal desaparece.
Oigo un suspiro, miro a la chica que iba a su lado. Ella también mira a través de la oscuridad del túnel negro, se le ha escapado.
Me pregunto si el judío iba despistado o si se ha enamorado.

Empezando de nuevo



Mañana empiezo de nuevo.







Un nuevo trabajo, una nueva rutina que aprender en menos de tres meses y ya es la quinta.









Me siento un poco cansada de empezar y terminar y que no haya un tiempo muerto.









Me siento exhausta de no disfrutar las pequeñas conquistas que he ido realizando en tan poco tiempo.










Pero, como dice Drexler:” No me malinterpreten, no estoy quejándome”








Sólo que mis planes son inciertos e inseguros. Que me desestabiliza no saber donde está el principio y el final de las cosas, ni cuando empiezan o acaban.










Sólo hay una meta clara. ENERO. Y después, todo es vacío. Todo depende de ese día, de esas dos horas. TODO. Mi carrera, mi lugar de residencia, mis miedos…










Por eso en el fondo necesito empezar la rutina que comienza mañana y establecer horarios férreos que me ayuden a conquistar un número en una lista de tres mil personas entre las trescientas primeras. Se me antoja demasiado difícil. Lo veo muy borroso, hay mucha niebla.










Pero hay que poner todas las cartas sobre la mesa YA. Ya no hay tiempo de nuevas rutinas, de nuevos viajes, de jugar a detectives.










Añoro la tranquilidad de hace tan sólo cuatro meses cuando Santiago era el punto de partida de todo.










Hay decisiones en la vida que son difíciles de tomar.










Encerrarse a estudiar una oposición a 500 km de casa con la alta probabilidad de viajar luego todavía más lejos es una de las más difíciles que he tomado nunca.












Sobretodo porque en Santiago había encontrado mi sitio.










Hay un hueco en Santiago para mí que posiblemente nunca más pueda ocupar.

De islas desiertas con gente

Me gasto el dinero en viajar a ciudades que ya conozco para hacer islas desiertas en parajes con gente.
Las islas desiertas están donde tú quieras ponerlas.
Quiero hacer una isla desierta contigo aunque sea en la ciudad más superpoblada del mundo. Quiero dormir, comer, besarte, darte placer y besos, hacerte reír y darte de comer deseo. Voy a secuestrarte atándote las manos con mis besos y tapándote los ojos con el sueño.
Quiero escribir cartas con destinatario y nunca echarlas al buzón. Prefiero descubrirlas entre mis apuntes cuando el destinatario está conmigo dispuesto a enfrentarse a la ley hereditaria.




















Descubrir las cosas bellas que escribo cuando el cuerpo me pide escribirlas, porque las siento, sentir que las cosas que escribo son bellas porque me salen de dentro.















































Viajar a escondidas para hacernos una foto repetida, nueve meses después y descubrir viendo ambas que no hemos cambiado. Vislumbrar más allá de la foto y saber que los meses han pasado y nosotros podemos volver al mismo lugar con el mismo sentimiento, el de base es el mismo.
Saber al final del viaje, autodisparando la foto que mis impulsos valen de algo, o de mucho.
Saberme rica porque sólo tú y yo tenemos la clave para vernos en las fotos, diferentes, pero iguales.





Papá está cantando

No entiendo a las mujeres. Hay mil cosas interesantes a las que jugar, y más en una playa, en mi playa, pues no, quieren jugar a las casitas... Buf!
Oigo una voz de fondo muy familiar.
Papá está cantando! Se me eriza el vello. Corro hacia la luz, hacia la música. Atravieso el espacio de playa que me separa de él. Es papá! La arena me lo pone difícil. Tengo los zapatos colonizados por arena fría y pesan más de lo normal. Lo consigo, llego al cristal, está empezando la segunda estrofa. Pego la cara, las manos, intento traspasar el cristal, la marquesina que delimita la terraza, esa terraza donde canta muchas veces papá. Quisiera estar al otro lado, pero me quedo muy quieto escuchando, moverme significaría desviar la atención, de todas formas a este lado lo oigo perfectamente, hay micrófono. Lo oigo a pesar de estar tras la marquesina y de espaldas a él. Da igual, ya no me muevo, ya no hay tiempo, sólo quiero escuchar, sigo pegado como sí así fuera a escuchar mejor, el vaho de mi respiración se condensa sobre el cristal y lo veo borroso en cada expiración. Escucho las voces de las niñas que llegan y también se ponen a mirar.
Papá canta en casa, canta siempre, y nunca me canso de escuchar... Pero hoy, además es diferente, hoy hay casi magia en el ambiente, lo está escuchando mucha gente, hoy la voz de papá me paraliza. Me quedo pegado al cristal hasta que terminan las canciones de papá, hoy son pocas.
Papá me ha cantado una nana al otro lado del cristal, de espaldas a mí y él no lo sabe.




















Hace quince días, en el Sadautor, mientas cantaba Paris Joel, su hijo tenía la carita pegada al cristal y miraba embrujado a su padre, se quedó quieto durante las tres canciones que cantó. Su cara era de admiración. Las niñas estaban por detrás suyo, hablando y mirando de vez en cuando al otro lado del cristal. Pero él se quedó muy quieto hasta que terminó. Me pareció muy tierna la escena, tanto, que no he podido quitármela de la cabeza y he escrito esto. Por supuesto tiene mucha fantasía, no se ni tan siquiera como se llama ese niño precioso que miraba fijamente la espalda de su padre, que ni tan siquiera podía verlo. Pero lo he escrito porque hay cosas en la vida, que a veces duran tan sólo un instante y no puedo borrar de mi cabeza hasta que escribo sobre ellas. Espero que te guste Paris.

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